Por Lic. Elida Mussa
En tiempos donde todo va rápido, muchos chicos parecen «a mil por hora». ¿Es TDAH o un síntoma de la época? El exceso de pantallas, el ritmo vertiginoso, la urgencia de la satisfacción inmediata… todo configura un escenario donde la atención se ve afectada. Pero cuidado: no todo movimiento es un diagnóstico.
Antes, jugar era esperar el turno en la hamaca, tolerar la frustración, imaginar sin estímulos digitales. Hoy, los niños crecen entre pantallas y adultos apurados. Entonces, ¿es su atención la que falta… o la nuestra?
El riesgo no está solo en la hiperactividad, sino en la hipermedicalización de la infancia. ¿No estaremos etiquetando demasiado pronto lo que podría pensarse como un modo de habitar este mundo saturado?
Desde el psicoanálisis lacaniano proponemos no apresurar respuestas. El síntoma, más que algo que corregir, es una vía de expresión subjetiva. Por eso, vale más preguntarnos:
¿Qué nos está diciendo este niño con su inquietud?
¿Qué lugar le estamos dando al juego libre, al deseo, al tiempo sin prisa?
Educar no es domesticar. Es alojar la diferencia, es crear condiciones para que cada niño/a despliegue su singularidad. Los diagnósticos pueden orientar, pero nunca deben obturar el enigma que cada pequeño encierra.
A veces, lo más revolucionario es desconectarse y volver a lo simple: correr, imaginar, frustrarse y volver a intentar. Y si sentimos que no alcanzamos solos, la orientación familiar y la psicoterapia son recursos fundamentales para abrir nuevas preguntas.
Cada niño/a es un universo, no una etiqueta. Criar no es buscar recetas, sino animarse a dudar, a escuchar, a mirar con otros ojos.
Como en un jardín, cada infancia necesita su tiempo, su clima y su ritmo para florecer.